Altavoz

Canallas en tiempos del COVID-19


Fabiola Xicoténcatl

Lecturas: 2095

 LA FALTA DE RESPETO HACIA LOS DEMÁS

Cuando creíamos que eran tiempos de unidad, solidaridad y re­flexión por la amenaza latente de la pandemia del coronavirus, el peor rostro de los tabasqueños ha asomado. Esa cara de la in­tolerancia, de la crueldad, de la falta de escrúpulos y respeto ha­cia los demás, que nunca querríamos ver.

Basta echarse un clavado en las redes sociales y verá usted la sarta de barbaridades que pululan contra los enfermos que aparte de luchar con uñas y dientes por su vida, tienen que so­portar el homicidio civil de parte de los canallas.

El linchamiento contra Pilar Ávila, la primera persona contagiada por el coronavirus, es una muestra de la descompo­sición social que priva en nuestro terruño. Esta mujer tuvo que aguantar desde la filtración del nombre, las fotografías, la direc­ción de su colonia y de su casa, hasta los insultos e improperios lanzados en su contra y contra su familia.

Este es el reflejo de una sociedad descompuesta primero por la ausencia de valores familiares, y segundo por muchos inte­reses aviesos de quienes se sienten con las manos atadas por la llegada del gobierno de la Cuarta Transformación, donde creen que han perdido todos los privilegios y buscan no quién se la hi­zo, sino quien se las pague.

Esa es la cruel y dura realidad que se manifiesta con su ros­tro más horrendo.

El objetivo en el fondo es golpear lo más que se pueda al sis­tema que sienten que los dejó en la orfandad. Por eso la vengan­za entre más cruel, mas satisfactoria, según el tamaño de su ego y maldad.

La reacción inmediata de los voceros de sanidad tanto a ni­vel federal como estatal, ha contenido el daño. La estratega de salir de inmediato a desmentir la sarta de barbaridades y ca­nalladas a través también de las ‘benditas redes sociales’, es un buen antídoto par aplacarlos. Nada les ha funcionado por más que se han querido lucir, si de maldad se trata. Se les ha caído por su propio peso.

Miren lo que sucedió en lo inmediato con dos prestigiados periodistas que ya habían hecho historia, Joaquín López Dó­riga y Raymundo Rivapalacio, que en el afán de lastimar a López Obrador mataron al primero contagiado por el corona­virus. Mientras que el pobre hombre se debatía entre la vida y la muerte, ellos ya circulaban sendas esquelas.

En estos días inéditos, donde no sabemos a qué nos enfren­tamos aún, es tiempo de reflexión y de estar en familia.  

 



Columnas anteriores

visitas