VECTOR X

Desaires y el ungido


Luis Antonio Vidal

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Andrés Manuel soltó el dolor por el desaire: “No entienden, la ausencia de ellos me lastima”.
 
Se refería a Octavio Romero, Javier May y Evaristo Hernández, desaparecidos del evento morenista del pasado domingo.
 
Minutos antes, convertido el lienzo charro en asamblea de un sólo hombre, Andrés Manuel había predicado, en el corpóreo lenguaje del mensaje etéreo, la buena nueva: Adán Augusto será candidato de Morena a la gubernatura.
 
No era necesario anunciarlo. Está pintado. Es el estilo, y trae el sello.
 
Después de tanta promesa, por fin verá Adán recompensada su devoción en el 2018.
 
Como jinete tumbado por el caballo en paso de la muerte, Andrés Manuel López Obrador salió del lienzo con raspones propinados por Octavio y May, cuyas carreras políticas crecieron a la sombra del caudillo, convertido en remolque de candidatos impopulares.
 
Romero, dicen, se disculpó por “compromisos” como comisionado de Morena en Hidalgo. De May nada se supo. Simplemente no asistió.
 
Tampoco apareció Evaristo, a quien se le atribuyen diferencias con el recién ungido.
 
Sabían los tres que Andrés Manuel López Obrador dictaría, línea definitiva, a favor de Adán, y se guardaron para no avalar la postulación.
 
No tienen vuelta de hoja dos madrugadoras definiciones al estilo Morena: 1) No habrá alianza con PRD en 2018; y 2) Adán será candidato al gobierno.
 
Evaristo se rezaga en el afecto de AMLO; May se alineará al chasquido del caudillo; y a Octavio “algo le darán”.
 
Al final todo quedará en un berrinche. A sus pies, jefe.
 
La Morralla
Anote a Manuel Rodríguez para Diputado Federal por el cuarto distrito *** Por el PRI, Gina Trujillo lleva mano. Hoy, se le ve como candidata. Se espera la carta del PRD. Pareciera le sobran, pero fuerte sólo uno *** En reunión con periodistas, Francisco Peralta planteó el reto de relanzar al Gobierno con acciones y obras de alto impacto. Y a partir de ahí lograr una buena difusión. No se trata, dijo, que los medios apliquen cosméticos al Gobierno. Y tiene razón, no se deben vender abalorios.


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